Sobre Cartas a mi madre, Texto de Fabiola Iza
http://gastv.mx/el-dibujo-como-herramienta-de-incitacion-historica-por-fabiola-iza/



Sobre Muy pronto será tarde, Por Marisol Rodriguez
Nota de Marisol Rodriguez, Frente 88


Presentacion de La sexta hora de Helena Fernández-Cavada Oaxaca, 18 de septiembre de 2010,
Helena Braunstajn, En el insomnio de La sexta hora…



Presentacion sobre La sexta hora. Por Giusseppe Dominguez
Hoy he abierto el misterio Giusseppe Dominguez Madrid, 2011

Fragmentos de una conversación
El lugar es el estudio de Helena Fernández-Cavada; el motivo, su exposición “¿A dónde fueron las pepitas de la sandía?”
y el diálogo se entreteje entre la artista y Helena Braunštajn.


Braunštajn Helena: Helena, en tu trabajo has desarrollado muchas estrategias diferentes que incluyen las exploraciones espaciales, corporales y de diversos materiales y soportes cuya base recurrentemente es el dibujo. ¿Qué posibilidades específicas de expresión te proporciona este medio? ¿Por qué el dibujo y no alguna otra disciplina artística?
Fernández-Cavada Helena: Desde mi punto de vista estamos muy habituados a un medio como el dibujo, es decir, éste está presente en señalíticas, instrucciones y numerosas situaciones que me facilita la relación con el espectador. En algún momento -creo cuando llegué a México- lo comencé a usar prácticamente como único medio de expresión por permitirme trabajar casi en cualquier situación, espacial o económica. También fue, en cierto momento, una decisión de intentar trabajar sólo con un lápiz o un grafito, ya sea sobre papel o sobre muro, una especie de punto cero, dejando atrás dibujo sobre cristal y otros soportes o a la misma pintura. Esto fue hace tres años, ahora recientemente o más bien paulatinamente he vuelto a expandir el dibujo a otros lugares, retomando otras técnicas y soportes.
Entiendo el dibujo como un esqueleto, lo que tiene que ver con las estructuras, y mucho con la radiografía. De alguna forma en un dibujo se ve todo, hasta cuando borras, se queda una pequeña marca, al contrario de la pintura, que vas tapando capa sobre capa, sin dejar ver la anterior, el dibujo tiene cierta condición de transparencia, obviamente discutible y pervertible.

B.H.: Las mantas, los colchones, las máscaras de oxígeno, blanket party, la pregunta sobre las pepitas de la sandía… ¿Qué tienen en común todos estos elementos en el contexto de esta exposición?
F.C.H: Es precisamente el contexto lo que les acerca unos a otros y les da cierta unidad, a veces un tanto absurda o dispar … Me pregunto qué hará, que las personas decidan que es mejor la sandía sin pepitas que con pepitas; recuerdo el tiempo que tardaba de pequeña quitando o escupiendo las pepitas, tenía cierto encanto, escupirlas al plato o al campo. Sin embargo, entiendo que puede ser fastidioso e incómodo, sobre todo si tienes prisa, seguramente hay muchas razones para que en la actualidad las sandías, como por ejemplo en España, carezcan de semillas. Aunque ahora hay cierta imposición en ello, y es difícil encontrar, en ciertos lugares, sandías con pepitas. Además quizá, el hecho de quitar, escupir o masticar las pepitas, nos entretiene, y si te entretienes demasiado, te puedes quedar rezagado. Puede existir un cierto reproche al quedarte rezagado, al ser el más lento, a perder el tiempo.
Blanket Party, éste nombre paradójicamente es el de un castigo hacia quien es el último en una estructura militar. Un castigo que no se oye y no deja huellas visuales. Una especie de violencia impuesta, velada u ocultada debajo de una manta, que mantiene anónima a la víctima. Tenemos imágenes, en The Full Metal Jacket. Aún así en mis dibujos, no sabemos qué hay debajo de la manta, quizá una almohada, quizá un cuerpo muerto o quizá uno dormido.
Me inquieta esto de las mantas y los colchones: ¿los dejaremos de usar? Pienso en ese tiempo del dormir, un tiempo que productivamente o económicamente está muerto, no consumes, no produces, estás fuera del sistema, cosa que puede ser incómoda para los intereses del crecimiento económico. Sobre todo para los intereses militares, que son los que más dinero invierten en intentar desarrollar pastillas que nos mantengan despiertos o por lo menos a sus soldados, despiertos durante 85 o 96 horas, cómo en la última guerra de Irak, con sus posibles y consecuentes errores por la falta de sueño. Y como es de suponer, pues estas pastillas se han insertado en el mercado civil, con el nombre de Provigil, y su consumo se ha disparado, casi un 60 % más en el último año, es decir estudiantes, trabajadores y muchas personas la consumen para ser más eficientes en el trabajo o estar más tiempo con la familia.

B.H.: Las pepitas nos quitan tiempo, el sueño también…aún así, tenemos el recuerdo de estas sandías entretenidas y tenemos la necesidad de dormir (también de soñar, aunque sea contraproducente). El castigo de Blanket Party, si bien no deja testimonios tangibles, está más que presente en los daños causados a los individuos: su cuerpo está anulado, se le niega el derecho incluso a presentar las evidencias del maltrato ejercido. Estamos hablando entonces de una especie de frontera incierta entre ausencia-presencia, lo que supongo, ¿también se relaciona con las máscaras de oxígeno?
F.C.H:Si, en cierta forma la exposición está llena de ausencias. Además esas máscaras son casi como un somnífero, es decir el oxigeno, parece ser, tiene cierto sedante para que en caso de emergencia las personas permanezcan tranquilas, mansas. Además hemos visto tantas veces a la azafata enseñándonos cómo funciona que tienen cierto carácter absurdo, anestésico, por su repetición, casi nadie presta atención ya a la azafata cuando nos explica cómo debemos usarlas; pero pueden llegar a ser también como una luz de emergencia, póntela rápido o te asfixias.

B.H.: Las diferentes estrategias del dibujo marcan sobre todo las diversas maneras de relación con el público. El espectador tiene que detenerse y acercarse, más precisamente, necesita establecer una relación íntima con tu trabajo para poder atender sus sugerencias y cambios sutiles. Al mismo tiempo, la reubicación y el traslado son fundamentales para la totalidad de experiencia que tus obras originan. ¿Cuál es tu relación con esta doble mirada del espectador que simultáneamente tiene que ser estática y dinámica?
F.C.H: Bueno, si consigo que el espectador haga eso, será una gran satisfacción. De alguna forma, esta mirada estática corresponde un intento por detener, por parar, frenar, obviamente utópico en nuestros días. No puedo pretender una contemplación detenida, pero quizá sí, un “vago ensimismamiento”, en donde el espectador mire desde distintos ángulos y lugares, quizá como un juego para la percepción, o un juego de las distancias.

B.H.: Claro, es ahí donde veo esta condición doble: por un lado, hay un ensimismamiento, como dices, y por el otro una constante necesidad de experimentar con las distancias, es decir, de moverte, de captar el detalle y luego, alejarte para poder encontrar las conexiones…Es interesante ver cómo se desprende todo eso de unos dibujos aparentemente sencillos.
F.C.H:Bueno, son dibujos con grandes espacios en negro metálico o espacios vacíos transparentes, donde hay una sensación de desolación o de ausencia. Es el espectador quien puede llenar ese espacio con sus reflexiones o articulando las referencias que hay en la propia sala, como los materiales o los fragmentos de imágenes; en el fondo creo que la exposición está muy llena.

El dibujo de Fernández-Cavada. Radiaciones Carlos-Blas Galindo Curador y crítico de artes visuales.

Desde el 16 de febrero y hasta el 14 de abril de 2007, Helena Fernández-Cavada presentó su obra para sitio específico intitulada Radiaciones en la Sala de Exposiciones I del espacio cultural Casa Vecina. Se trató de una obra dibujística, resuelta con base en el recurso del dibujo a muro, más la proyección sobre pared de la sombra de otros dibujos que ella realizó mediante el procedimiento del atacado con ácido sobre vidrio. La curaduría de este proyecto expositivo estuvo a cargo de Iván Edeza.
Lo primero que los públicos experimentamos al ingresar al área donde se presentó Radiaciones fue una reacción de sorpresa, generada por la aparente ausencia de obra en ese espacio, puesto que una parte de la sala tenía una iluminación escasa ya que, de día, el paso de la luz natural estaba bloqueado y, de noche, tampoco se permitía la entrada de la luz del exterior. Y también debido a que en la otra área de la sala no se advertía, de inicio, la presencia de los múltiples e intrincados dibujos que estaban trazados en paredes y muretes. La sorpresa daba paso a la curiosidad, reacción prevista por la autora a manera de acicate para afinar nuestra mirada. En efecto, más que una alusión a la vacuidad ?tan invocada durante los tiempos de los posmodernismos originarios, y todavía ahora?, la cadena de llamados a la sensibilidad estética de los públicos ante la apariencia de vacío, tuvo el propósito de incitarnos a descubrir los componentes de su obra. A evitar que permanezcamos pasivos ante el “ver” como el mero empleo inconsciente de un sentido, y conducirnos al “mirar”, acción entendida en este caso como la utilización consciente de la capacidad humana de la vista, sumada al hecho de emplearla de manera volitiva y, además, con atención.
En la parte que estaba en semipenumbra se descubría la proyección de unos dibujos que difícilmente eran perceptibles en el vidrio en el que estaban trazados pero que, merced a una luz dirigida, devenían revelados ante nuestras miradas; mas no de manera directa, sino mediante sus sombras. Y, en el área contigua, paulatinamente se descubría la vastísima presencia de cráneos, vértebras y otros huesos humanos dibujados en las paredes, formando intrincadas, rítmicas y armónicas concatenaciones. Pero, una vez que nuestra vista se había habituado a descubrir la sutileza y precisión de las líneas y las formas, nuestra mirada resultaba impugnada, una vez más, ante su imposibilidad de abarcar la totalidad del conjunto dibujístico, ya no digamos desde algún punto de mira privilegiado, sino por la ubicación a una altura considerable de algunas partes del extenso dibujo a muro. La respuesta sensible, en este caso, no estaba exenta de insatisfacción. Sin embargo, el propósito de Fernández-Cavada no era el de incrementar nuestras frustraciones (ya fuese como individuos o como sociedad), sino la de hacer patente su postura crítica ante el desmedido regodeo de la visualidad en Occidente.
En efecto, luego de haber presenciado Radiaciones, muchos nos cuestionamos acerca de los excesos de evidenciar lo que no es perceptible con la vista. Es decir, de la radiografía y del uso de tecnologías en aeropuertos y pasos fronterizos que permiten la revisión de personas y sus equipajes, asuntos que la artista ha abordado en otras obras de su autoría. Pero, también, esta pieza nos conminó a tener presente el carácter efímero que tiene el acto de mirar, así como el papel fundamental que adquiere la memoria como registro ?no pocas veces el único disponible, por más que abunden cámaras digitales y teléfonos con cámara, por ejemplo? de lo que, de suyo, es fugaz. Lo anterior resultó subrayado debido a la imposibilidad de documentar la totalidad de esta obra (de hecho, fotografiarla devino técnicamente complejo) y, asimismo, en tanto que su único fragmento objetual que se preservará será el vidrio con dibujos al ácido. Amén de efectos como los mencionados, esta obra para espacio específico revistió una importancia concreta en cuanto a lo propiamente artístico, al haber constituido una evidente apropiación, recuperación y puesta al día del género del dibujo. Y una feliz solución a un considerable reto de tipo técnico, formal y dimensional.